24. mai 2004

¿Cómo colocarte los güebos cuando te los pillas con los slips sin que la gente sospeche cosas raras?

Ah, lunes. El problema de dormir con el ruido de la lluvia en la calle por la mañana, es que en mi persona eso hace que pase del sueño a la más pura inconsciencia. Eran las ocho y media cuando he conseguido ser, de una vez por todas, consciente de que hacía ya dos horas que debería de haberme levantado. Miento. Primeramente, y básicamente la causa de que haya podido escapar de las garras de Morfeo, mi adorable minino ha mullido mi barriga con sus uñitas. Esas uñitas capaces de arruinar un sofá de cuero. Esas uñitas capaces de arruinar la más recia de las alfombras.

Me encanta el café con hielo. Pero no logro entender por qué extraño mecanismo subyacente de este miserable universo, no sabe igual que el mismo café dejado a enfriar durante dos horas. Menos mal que existe el microondas.
El café de un lunes recalentado en el microondas de mi padre podría ser, por sí mismo, tema suficiente para dedicarle todo un día de blog, tanto por sus propiedades alimenticias, como por la amenaza que supone al emporio mundial de las empresas dedicadas a la explotación de las energías de origen fósil.

Mi i-pod. Reproductor de reproductores. Bestia parda del MP3. Toda la noche enchufado para recargar su potente batería de más de diez horas de autonomía en reproducción contínua. Lo que no estaba enchufado, eso sí, era la regleta que uso para estos menesteres. Un día de lluvia sin música para mí, puede llegar a ser como una factura sin pagar por parte de Yugoslavia en concepto de póstes de telégrafo a Alemania hace noventa años. Una lluvia de radiación gamma comenzaba a agitar mi testículos a un nivel molecular.

Segundos después un estallido de furia hacía saltar por los aires uno de los laterales del palacio de congresos y exposiciones de Madrid, cubriendo la avenida del General Perón con restos y cascotes, mientras ALEZ, un accidente genético de seis toneladas desbocadas de carne radioactiva ataviada tan sólo con los restos de un pijama rosa y con la única función de aniquilar, lanzaba un autobús de la línea 43 lleno de gente inocente contra los pisos once y doce de Torre Europa, bateaba horripilados transeúntes con la ayuda de un semáforo arrancado de cuajo, y golpeaba el asfalto bajo la lluvia al grito de "¡¡¡SMAAAAAAAAAAAAAAAAASH!!!".
Lo cual tan sólo quería decir que casi me quedo dormido otra vez en la ducha, con la frente apollada contra la pared...

En vez de eso, me visto y bajo por el ascensor, como siempre. Y como siempre el portero está de cháchara con las asistentas del bloque (es tradición que, en lugar de acudir a sus puestos de trabajo, desperdicien algunos momentos en comentar el diez minutos). Les doy los buenos días y les dedico una de mis sonrisas recicladas biodegradables (tres al precio de dos, precios familiares), y, como siempre, a nadie parece importarle.

Me detengo frente al semáforo, esperando a que ese gracioso muñequito verde aparezca (¿por qué les quitaron el sombrero?). En el otro lado de la calzada hay dos mujeres esperando. Una de ellas morena, de pelo largo, gafas, y un gracioso conjunto de chaqueta y pantalón (que consigue caer por el zapato, pero que no logra tocar el sucio suelo) bajo un paraguas. La otra, negra, con el pelo recogido en graciosos "moños", con vaqueros y una chaqueta de cuero. Las dos impecables. Parece no importarles que esté lloviendo.
Bajo la mirada y observo. El viento racheado hace que mis pantalones estén húmedos hasta las rodillas. Mis zapatos parecen dos balletas sucias. Y acabo de descubrir que la suela del derecho tiene una grieta. El brazo con el que sujeto mi paraguas flojea. Creo que ahora entiendo ése anuncio de Carefree.

Dos minutos después, el paseo de la Castellana. El hombre contra el hombre. Una lucha encarnizada a paragüazo limpio. La eterna lucha entre nosotros mismos representada en una mortal danza por yupis, estudiantes de economía, viandantes casuales, y el repartidor del diario gratuíto "metro". Días como estos son los que hacen que la Once sea lo que es.

Cuarenta minutos después, en la calle Julián Camarillo, es cuando me doy cuenta. Una camioneta decorada con un gracioso y sonrriente personaje avícola y un rótulo en el que se leen las palabras "Gran Pollería EL SABROSO" pasa a mi lado. Demasiado cerca. Agua. Mucha agua. Y es en ese momento, bajo la incesante e inflexible lluvia, con un extraño cálculo de matemática abstracta en algún estrato inferior de mi viscosa masa encefálica, cuando comulgo de nuevo en un éxtasis, entre celular y exstencialista, con el líquido elemento, la fuente de vida de la que provenimos todas las especies de este planeta, el milagro que junto con algo de hidrógeno y alguna extraña carga eléctrica hizo que el plancton consiguiese andar, trepar por los árboles, y, en su cúspide evolutiva, escribir la saga de Harry Potter.

En esa orgía macrobiótica que era ahora mi riquísima vida, poca importancia tenían ya los pormenores cotidianos. Tan sólo era lunes en mi mente, en esa dominante parte racional que nos guía a todos. Mis vestiduras, junto con el agua, eran incómodas tan sólo porque son fruto de la malinterpretación y la imperfección de la abobinable idea que un día tuvo alguien peludo de ponerse el cadáver de un mamífero por encima. Quería ponerme a recolectar champiñones desnudo. Tan solo eso tenía ahora sentido.

Mi paragüas no tenía ya sentido de ser (sobre todo porque no es mío, es del Gablin -te lo devolveré cuando recupere el portaminas que me dejé en tu casa-), y entré en la oficina con el tranquilo y anodino semblante de una vaca sagrada hindú, algo que parecía ofensivo a los ojos del beligerante guardia de seguridad de la puerta (malsana envidia por haber conseguido encontrar la felicidad en un día como este, seguro).

En fin. Quiero compartir algo especial con mis semejantes. Voy a la azotea del edificio para masturbarme a modo de celebración y bendecir con mi simiente a mis hermanos peatones.

Taluego.

Mira lo que hace Somófrates a las 05.24.04 12:52



Cosonísimas:

Pues yo hoy me he levantado a las 11 y no creo que mueva un dedo hasta las 4.

Mira lo que hace El Hombre Malo

En momentos como éste, me alegro de no vivir en Madrid. Saludos.

Mira lo que hace Manu

Mañana será otro día :P

Mira lo que hace MiChAeL

Pues yo me he pasado el día tomando el sol en el cesped de la facultad, tomando un granizado tras otro para calmar la calor, y cogiendo un bronceado que ni en Baqueira.

Mira lo que hace apio, la fotosintética

Pues con la que está cayendo ahora por la tarde en Madrid, yo creo que podriamos decir que los Dioses no han quedado complacidos con la boda del niño...

Mira lo que hace Somófrates

Ya decia yo que cualquier ceremonia de estado que no incluya unos cuantos centenares de litros de sangre de virgen no esta completa.

Ahora bien...¿de donde sacamos tantas virgenes en españa?

Mira lo que hace El Hombre Malo

Mi prima trabaja en la maternidad de la Paz...

Mira lo que hace Somófrates

Mi madre me ha comprado otro paragüas, que nunca uso, por cierto.

Y me mola tu portaminas, creo que he salido ganando ^^

Mira lo que hace Gablin

Se nota que yo soy mucho más optimista. Si no también me hubiera masturbado.

Mira lo que hace Germán

Quédatelo.
Yo se lo mangué al Porris...

Paragüas grátis.

Mira lo que hace Somófrates

Hey, me ha molado tu rollo. Acabo de leer por primera vez tu blog y posiblemente me pase más a menudo.
Ahora, mmmh...no me gusta tu radioblog... con la de música bonita que hay por ahí (no me refiero que lo jevi sea antonimo de bonito) me parece que tu selección es un tanto macarresca.
Aunque claro, a lo mejor esa es tu intención, o qué coño, a lo mejor simplemente es que es la música que te gusta a ti, ante lo cual no puedo decir nada.
En fin, volveré...

Mira lo que hace the thief

Mi selección de música es la polla que te folla.

Mira lo que hace Somófrates

Que gran poeta xDDD

Mira lo que hace MiChAeL

Estás desarrollando una desagradable tendencia a apropiarte de los bienes ajenos.

En otras palabras: devuélveme mi puta toalla.

Mira lo que hace Adrian

PS: Este post es de lo mejorcito que te he leido. Mis entrañas se devoran a sí mismas de la envidia. Hijoputa.

Mira lo que hace Adrian

La culpa la tiene la libreta de Kucuxumusu. Ocomocoñosediga.

Mira lo que hace Somófrates

Escribes bien, puñetero.

P'a ser un producto lácteo, digo.

Mira lo que hace Aranluc